El Lugar al que siempre quiero volver.
- yogeandoinfo
- 23 oct 2025
- 3 Min. de lectura
Se acerca el final del año y con él, ese impulso natural de volver a lo esencial.
A veces no hace falta viajar lejos para encontrarnos, basta con detenernos y escuchar lo que ya habita dentro.
Este texto es una reflexión sobre el hogar: los lugares, las personas y las sensaciones que nos devuelven a nosotros mismos.
Y sobre el mar, ese espacio infinito que limpia, calma y nos recuerda el origen.
El lugar al que siempre quiero volver:
Donde me descalzo y toco tierra.
A medida que el año va terminando, me llega ese impulso natural de mirar hacia atrás en el tiempo.
Y hacer balance, entonces me descubro de nuevo regresando a lo que para mi es esencial.
Pienso en todo lo vivido, compartido y me sorprendo a mi misma en la búsqueda de una sensación familiar: “la de sentirme en casa”.
Y es que la palabra “Hogar” tiene muchos significados, desde un lugar físico donde has vivido, rincones en los que has estado a gusto, hasta sentirlo como un espacio interno que se cultiva desde el corazón y te acompaña a donde quiera que vayas.
A veces tiene forma de casa familiar, con sus rincones llenos de memoria, son las fotos y los recuerdos de toda una vida. Es como un regreso al Nido, donde te sientes cuidad@ y querid@, aquella sensación de oler a sábanas limpias, es el sabor de tu comida preferida cuando vuelves a la casa familiar una y otra vez y ya no hay prisas, porque todo se detiene.
Y todo se detiene cuando estoy en la naturaleza, en mitad de un bosque, mirando los árboles y arraigándome a la tierra o entro al Mar.
Porque hay algo en el Mar, que cuando te sumerges y te relajas, silencia el ruido. La mente se disuelve y el corazón se ensancha.
El mar no te exige nada, solo que estés.
Te sostiene, te abraza, te mueve al ritmo de su propia cadencia.
Y en esa entrega, en ese dejarte llevar, se produce una limpieza que va más allá del cuerpo.
El agua arrastra la tensión, las preocupaciones, lo que ya no hace falta y me devuelve a mi centro, recordándome quien soy.
Por eso el mar calma: porque nos devuelve al origen.
Dentro del mar no hay control posible. Solo la respiración, el presente, y ese silencio que limpia lo que la mente acumula. Sales de él más liviana, más enraizada y, al mismo tiempo, más libre.
El mar enseña lo mismo que el yoga, la meditación o cualquier movimiento que nos haga volver al cuerpo, al corazón, al instante.
Hogar también han sido los lugares en los que he vivido, los espacios que me acogieron cuando buscaba nuevas versiones de mí misma.
Y también es la familia de sangre con su amor incondicional, son las personas que ahora son amig@s, que se han convertido en familia elegida, que son refugio, que estuvieron, están y estarán siempre, con una conversación, un empuje cariñoso, unas risa, un abrazo.
Con el tiempo he comprendido que el hogar no es solo un sitio físico, sino una sensación de serenidad que aparece cuando respiro, cuando confío, es una voz suave que me recuerda que puedo soltar las prisas y abrazarme tal como soy,
es ese espacio que construyo desde dentro. No está en un punto fijo del mapa, sino en la manera en que me abrazo, en cómo me escucho, en cómo me cuido.
Y sobre todo, hogar soy yo —cuando me escucho, cuando respiro, cuando me encuentro serena, la calma que aparece cuando dejo de exigirme tanto, cuando respiro sin prisa, cuando agradezco.
Cada paso, cada decisión, cada práctica —ya sea sobre la esterilla, al entrenar el cuerpo, al preparar un alimento consciente o al compartir una conversación sincera— me devuelve a esa certeza de que el hogar está en mí. No necesito buscar fuera lo que ya habita en mi respiración, en mis pausas, en mi capacidad de escucharme.
Y entonces descubro que el hogar se expande:a veces está en la casa que me vio crecer, otras veces en un lugar nuevo donde me siento acogida, en una copa de vino compartida, en una mirada que sostiene, en una mano que cuida.
Hogar es esa ternura de lo conocido y también la fuerza de lo compartido. Es la raíz y las alas.

Es la certeza de que, mientras el corazón esté abierto, siempre habrá un hogar esperándome.
Cantabria octubre, 2025



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