Cuando el cuerpo cambia de perspectiva:
- yogeandoinfo
- 30 mar
- 2 Min. de lectura
Las torsiones son una conversación con todas nuestras partes.

Hay movimientos en la práctica que no buscan una forma concreta, sino una experiencia interna. Las torsiones son uno de ellos.
Hay momentos en los que el cuerpo deja de ser algo que movemos… y empieza a ser algo que escuchamos.Las torsiones nos llevan ahí.
No son solo un gesto de rotación, ni una forma que alcanzar. Son una forma de entrar en diálogo con el cuerpo: con la pelvis, el abdomen, el pecho, la respiración… incluso con la mirada.Nada gira por separado, todo participa.
A simple vista, puede parecer un movimiento más dentro de la práctica: girar, cambiar la dirección, ajustar la mirada. Pero cuando dejamos que el cuerpo se organice y empezamos a habitar la experiencia, aparece algo más profundo.
Buscamos crear las condiciones para que el cuerpo suelte lo que ya no necesita sostener: a veces es tensión, a veces es control y, otras, algo más sutil que ni siquiera sabíamos que estaba ahí.
Vivimos muy acostumbrados a movernos en líneas rectas: hacia delante o hacia atrás, avanzar o retroceder. Pero el cuerpo no funciona solo así.
También se mueve en espiral.
Y cuando introducimos la torsión en la práctica, accedemos a ese lenguaje más orgánico donde todo está conectado. La pelvis inicia, el abdomen responde, el pecho se adapta y la mirada acompaña, creando una conversación entre todas nuestras partes.
También es una experiencia honesta, porque no siempre resulta cómoda. A veces aprieta, comprime e incomoda. Y ahí es donde aparece la tendencia a salir, a evitar, a soltar antes de tiempo.
Pero si nos quedamos —sin forzar, sin invadir— la incomodidad empieza a transformarse. Deja de ser un límite y se convierte en información.
Nos habla de lo que estamos sosteniendo de más, de lo que más cuesta soltaro de lo que todavía no hemos podido digerir.
Y es que las torsiones tienen mucho que ver con procesar.
A nivel físico, estimulan los órganos, movilizan la zona media y generan circulación. A un nivel más sutil, ayudan a mover experiencias, emociones o sensaciones que pueden haberse quedado retenidas. Es como si, al comprimirse, el cuerpo encontrara la manera de reorganizar lo que estaba estancado.
Y quizá lo más transformador no es solo lo que ocurre en el cuerpo, sino en la forma en la que percibimos.
Cuando giramos, dejamos de mirar hacia donde estábamos mirando. Cambia la referencia, cambia la orientación y cambia la sensación.
Las torsiones nos invitan a mirar desde otro lugar.Y a veces, ese pequeño cambio lo transforma todo.
Lo que parecía rígido se vuelve más flexible.Lo que parecía claro se matiza.Lo que parecía bloqueado empieza a moverse.
Quizá por eso, después de una práctica de torsiones, no siempre sabemos explicar qué ha pasado, pero sí podemos sentirlo: más espacio, más claridad, más presencia.
Todo esto no se entiende desde fuera. Se experimenta.
En la práctica seguimos explorando estas espirales desde diferentes enfoques, combinando movimiento y quietud, fuerza y suavidad, para que cada persona pueda encontrar su propia manera de habitar y conversar con las diferentes partes de nosotr@s.
Sin forzar.Sin buscar una forma concreta.Solo creando el espacio para sentir, reorganizar… y mirar desde otro lugar.
Yogeando, Marzo 2026



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